Amigos y compañeros de Javier Canale iniciaron una colecta para ayudarlo a atravesar este díficil trance que le toca vivir. Sumensé aportando lo que puedan en las escuelas ESB 1 y ESB 2 o escribiendo a marinafalconat@hotmail.com, ana.tamagno@gmail.com o ceci_coronel@hotmail.comConocí a Javier Canale cuando tenía unos ocho años.
Era compañero de uno de mis hijos (Sebastián), en la Escuela Nº 1 Pedro Castelli.
Una tarde lo encontramos en la librería Meirana, que estaba situada justo frente a Mingo´s, entre Belgrano y Castelli.
Javier era un niño delgado de copioso flequillo renegrido, con una sonrisa simpática. Después supimos que era un habitué de las librerías y en especial de la de Meirana que desbordaba de todo tipo de libros y donde Rodolfo, su dueño, le dejaba que leyera todo lo que quisiera.
Cuando ví que los dos charlaban felices de haberse encontrado, le propuse que fuera a jugar.
Al otro día, Javier tocaba el timbre en casa. . Y así sucedió todos los días. Podía estar lloviendo a cántaros, que él igual aparecía cubriéndose con un paraguas grande de su papá.
Y así vinieron los veranos en la “Pelopincho”, y las meriendas, y las fiestas de finde, y los juegos electrónicos en Vieja Casa. Y Javi era uno más de la familia, un hermano más de mis hijos que compartían con él sus tíos y sus abuelas.
Los domingos de Matinée fueron inolvidables. Se compraban bolsas de golosinas y se metían de lleno en la ficción de La guerra de las galaxias, E.T., Gremlins, Popeye, y tantas tantas más.
También había peleas; simples riñas por cualquier tontería, que terminaban indefectiblemente en reconciliaciones. Siempre tenía en mí a su defensora incondicional, porque conocía su modo de ser y su humildad.
Los años pasaron. Llegó la adolescencia, y si bien fueron a distintas escuelas, siguieron tan amigos como siempre, unidos por la música, por el cine, y por un montón de cosas más.
Cuando todavía Javi era adolescente murió su mamá. Aunque él no transparentaba demasiado sus sentimientos, sabemos cómo le afectó esa pérdida.
Después de buscar caminos de vida, Javier eligió una carrera y se graduó como profesor de Inglés.
Con el tiempo, formó pareja y de esa unión nació Alan, su único, hermoso hijo. Después vino la separación.
Verlo en su desempeño responsable como padre nos causó enorme alegría.
Hace apenas unos días, Javier se compró una moto. Era un deseo impostergable .
Y se fue a un encuentro de motos en Ayacucho. Allí, andando a escasísima velocidad, un loco del volante, menor de edad, lo atropelló. Por supuesto, Javier llevó la peor parte.
Ayer lo operaron en un hospital de Mar del Plata
Escribo esto con mucha angustia. pero también con la intención de darle ánimos y fuerza a nuestro querido amigo. Que estas palabras mías sirvan para que todos lo que lo aprecian dejen un deseo aquí, o que simplemente lo tengan en su mente. Será una conjunción de voluntades para que muy pronto esté bien y con el ánimo lo más alto posible.
¡Fuerza Javi ! ¡Te queremos!
DORA PONCE